Incendios forestales y aluviones: una relación que exige mirar la cuenca completa. El reciente aluvión en Las Condes pone de relieve la importancia de evaluar los riesgos hidrológicos que pueden persistir después de un incendio.
El incendio Plaza Sur, ocurrido durante el verano pasado en esa comuna, afectó aproximadamente 908 hectáreas, según la delimitación satelital del análisis preliminar. De ellas, cerca de 160 hectáreas se encuentran dentro de las áreas aportantes modeladas hacia el sistema de quebradas estudiado. Esta conexión es relevante: la superficie quemada total no equivale necesariamente a la superficie que contribuye al flujo en un punto determinado.
Según los antecedentes difundidos por @SENAPRED, durante el evento del aluvión la isoterma de 0 °C se situó alrededor de los 2.800 metros, favoreciendo precipitación líquida en parte de la cordillera, es decir, en vez de nevar, llovió. Además, una tormenta eléctrica descargó 13 mm en una hora.
Estos factores pueden interactuar con las condiciones posteriores al incendio mediante tres procesos:
• Reducción de la protección del suelo: la pérdida de vegetación y hojarasca aumenta su exposición al impacto de las gotas en el suelo y a la erosión.
• Alteración de la infiltración: el calentamiento de la superficie del suelo puede generar repelencia al agua y modificar las propiedades superficiales del suelo (laterización). Su presencia y magnitud deben verificarse en terreno; no corresponde asumir una impermeabilización generalizada.
• Mayor conectividad del escurrimiento y los sedimentos: cuando la intensidad de lluvia supera la capacidad de infiltración del suelo, el agua circula por las laderas, converge en las quebradas y puede incorporar material suelto.
El flujo alcanzó el sistema de Quebrada Honda, y el desborde de agua, barro y rocas afectó calles como General Blanche, con arrastre de vehículos, incluido un bus.
La hipótesis técnicamente defendible es que el incendio pudo actuar como amplificador de la escorrentía y la erosión, dentro de un evento multifactorial. La lluvia, las pendientes, la disponibilidad de sedimentos y la capacidad u obstrucción de las obras de conducción también deben formar parte del análisis.
Atribuir una contribución específica al incendio requiere mediciones de infiltración, validación de la severidad del daño al suelo, registros de lluvia de corta duración y modelación hidrológica e hidráulica. Los volúmenes de agua estimados, por sí solos, no permiten explicar la dinámica de un flujo aluvional.
La implicancia para la gestión territorial es concreta: la respuesta a un incendio debe incluir la evaluación de las amenazas posteriores a las lluvias, además del control del fuego. Proteger el suelo, recuperar su cobertura y revisar los puntos críticos de conducción son componentes complementarios de una prevención basada en cuencas.
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